Experto analiza cómo el cine ha construido las múltiples caras de Jesús en la pantalla
En el marco de Semana Santa, académico de la Usach explica cómo tres icónicas películas han moldeado la imagen del Mesías, desde lo divino hasta lo profundamente humano.

En plena Semana Santa, la figura de Jesucristo vuelve a instalarse con fuerza en la conversación cultural. Más allá de su dimensión religiosa, el cine ha jugado un rol clave en la forma en que millones de personas imaginan su vida, su carácter y su mensaje.
Así lo plantea Leonardo Cabezas, académico y especialista en cine y televisión de la Universidad de Santiago, quien analiza cómo distintas producciones han dado forma a tres grandes arquetipos del Mesías: el divino, el humano y el mártir.
Uno de los retratos más tradicionales es el de Jesús de Nazareth (1977), dirigida por Franco Zeffirelli, que presenta a un Cristo solemne, sereno y profundamente espiritual. Esta versión, ampliamente difundida en televisión, se apega al relato bíblico y refuerza una imagen casi inalcanzable del personaje.
En contraste, La Última Tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese, propone una mirada mucho más humana. Interpretado por Willem Dafoe, Jesús aparece enfrentado a dudas, miedos y tentaciones, lo que generó controversia en su estreno, pero también abrió una nueva forma de entender su figura.
Por su parte, La Pasión de Cristo (2004), dirigida por Mel Gibson, se centra en las últimas horas antes de la crucifixión, con un enfoque crudo y realista. Esta versión consolidó la imagen del Cristo mártir, marcada por el sufrimiento extremo y el sacrificio.
“El cine ha sido fundamental para popularizar la imagen de Jesús, incluso por sobre los textos religiosos”, afirma Cabezas, destacando que muchas personas conocen su historia principalmente a través de estas representaciones audiovisuales.
El académico sostiene que estas distintas miradas no solo responden a decisiones artísticas, sino también a los contextos culturales de cada época. De cara al futuro, proyecta que surgirán propuestas más diversas y arriesgadas, con narrativas menos convencionales y enfoques más íntimos.
Así, el cine sigue demostrando su poder no solo para contar historias, sino también para construir imaginarios que trascienden generaciones.




