Insectos silvestres aumentan la calidad de manzanas y cerezas en la zona central
Investigación liderada por científica de la PUCV revela que huertos rodeados de vegetación nativa logran frutos más pesados y mejor producción gracias a polinizadores como moscas y escarabajos.

Un proceso silencioso pero determinante ocurre cada primavera en los huertos frutales: la polinización. Y aunque muchas veces pasa desapercibida, un estudio científico realizado en la zona central de Chile confirmó que los insectos silvestres cumplen un rol clave en la producción de manzanas y cerezas.
La investigación, publicada en la revista Agriculture, Ecosystems & Environment, fue liderada por la doctora Camila García, del Centro Ceres y titulada del Doctorado en Ciencias Agroalimentarias de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. El análisis consideró 36 huertos comerciales, comparando aquellos rodeados de vegetación natural con otros inmersos en paisajes dominados por agricultura intensiva .
Los resultados fueron categóricos: donde existen remanentes de bosque esclerófilo y vegetación nativa, aumenta la presencia de polinizadores y mejora tanto la cantidad como la calidad de la fruta .
Moscas y “pololos” protagonistas
Si bien las abejas suelen concentrar la atención, el estudio destacó el aporte de otros insectos menos considerados. Entre ellos, moscas y escarabajos de la familia Melyridae, conocidos popularmente como “pololo chileno”, que demostraron ser eficientes transportadores de polen en cerezos y manzanos .
Muchas de estas especies son nativas y están asociadas a áreas naturales, lo que refuerza la importancia de conservar la vegetación en el entorno agrícola .
Más vegetación, frutos más pesados
El impacto no solo es ecológico. Los huertos rodeados de hábitat natural presentaron frutos con mayor peso, lo que se traduce en un beneficio productivo directo . Además, estas áreas generan microclimas que ayudan a mantener condiciones de humedad y temperatura más estables, favoreciendo la calidad de la fruta .
El estudio también identificó el llamado “efecto borde”: los polinizadores se concentran principalmente en los primeros 70 metros desde el límite del huerto, disminuyendo su presencia hacia el interior .
Lejos de ser una limitación, este hallazgo abre oportunidades para los productores, como instalar bandas florales o pequeñas islas de vegetación nativa cada 70 metros para extender el beneficio hacia todo el predio .
Producción más estable y sostenible
Entre las recomendaciones se encuentra mantener al menos un 35% de hábitat natural en el entorno de los huertos de cerezo —y una proporción mayor en el caso del manzano— junto con implementar setos con especies nativas como quillay .
La conclusión es clara: conservar y potenciar la biodiversidad no solo protege los ecosistemas, sino que también fortalece la productividad agrícola y la estabilidad de la producción en el tiempo .




