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Don Pedro cumple 5 años: el perro influencer viñamarino que convirtió su epilepsia en una red solidaria

Hoy, en Viña del Mar, Don Pedro cumple cinco años. La celebración incluye torta, fotografías y una comunidad digital que lo sigue desde distintos países. Pero detrás de las publicaciones tiernas y los videos virales hay una historia marcada por la adopción, la enfermedad y una red de ayuda que nació casi sin proponérselo.

Natalia Salas, su cuidadora, lo adoptó cuando tenía apenas dos meses. Venía saliendo de un duelo profundo: su perro anterior había muerto tras 12 años juntos. “La sufrimos mal, fue terrible esa pérdida”, recuerda. Durante meses no quiso saber de adoptar nuevamente. Sin embargo, el silencio en la casa comenzó a pesar.

“Pasaron como ocho o diez meses y yo necesitaba esas patitas corriendo en mi casa”, cuenta. Fue entonces cuando llegó a la fundación Nueva Oportunidad, en Quilpué. Entre varios cachorros, vio a Pedro. “Creo que fue el segundo perro que vi. Me enamoré al tiro. Dije: necesito adoptar a este perro”.

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El proceso incluyó postulación formal, envío de fotografías del hogar y una evaluación completa, algo que ella define como “un currículum perruno”. Finalmente fue aceptada. Desde entonces, Pedro se transformó en parte central de su vida.

Pero cuando tenía dos años comenzaron las convulsiones. El diagnóstico fue epilepsia. “Al principio fue terrible. De eso podría hablar horas. Es todo un tema, todo un camino”, confiesa.

Don Pedro vive con epilepsia refractaria, lo que significa que los medicamentos no eliminan por completo las crisis. Actualmente toma cuatro fármacos diarios. Encontrar las dosis adecuadas fue un proceso lento y complejo. Además, uno de los medicamentos le provocó hipotiroidismo, sumando un nuevo tratamiento y controles permanentes.

“Convulsiona igual, más o menos una vez al mes. A veces una vez. Pero si convulsiona más de tres veces lo tengo que hospitalizar”, explica Natalia. En diciembre pasado atravesó una crisis particularmente grave. No ha sido la única vez que estuvo al borde de la muerte. “Ya ha pasado dos veces que ha estado muy grave”, relata con honestidad.

La rutina cambió por completo: vigilancia constante, ajustes médicos, reorganización del tiempo y también del presupuesto familiar. “Es sacrificar tu tiempo, tu plata, cambiar la rutina”, señala. Sin embargo, hoy puede decir que está estable. “Ahora está súper bien el guatón”, afirma con alivio.

La cuenta de Instagram surgió de manera espontánea. Natalia quería un espacio propio para publicar fotos y videos de Pedro sin saturar su perfil personal. “Pensé que la gente debía estar chata de ver tanto contenido de él”, dice entre risas. Le gustaba editar videos y crear contenido, y Pedro —expresivo, carismático y cómico— era el protagonista perfecto.

“Yo ya tenía un personaje en mi cabeza. Solo lo di a conocer”, comenta. Las selfies en las que parecía que el perro se tomaba fotos solo comenzaron a circular. El crecimiento fue orgánico, sin estrategia comercial ni planificación.

Con el aumento de seguidores, Natalia decidió visibilizar la epilepsia. “Quise mostrar que se puede tener una vida normal con un perrito epiléptico. Porque uno se asusta mucho cuando recibe el diagnóstico”, explica. Desde su experiencia como tutora —más que desde lo técnico— comparte lo que implica convivir con la enfermedad: la incertidumbre, el miedo a las crisis nocturnas, las hospitalizaciones y también la esperanza.

La dimensión solidaria nació tras los incendios que afectaron a Viña del Mar. Desde su casa en Miraflores Bajo veía evacuar familias con sus mascotas. “No podía quedarme de brazos cruzados”, dice. Así surgieron las “Pedrotones”: campañas de recaudación a través de la cuenta.

La primera reunió cerca de cuatro millones de pesos en apenas dos días. “Le digo Pedro Fácil, como la Naya Fácil”, comenta entre risas. Desde entonces han realizado tres campañas. La más reciente, vinculada a incendios en el sur del país, logró recaudar casi 10 millones de pesos.

Las ayudas han sido entregadas de manera directa y documentada: compra de alimentos, pago de deudas veterinarias, apoyo a fundaciones y centros de rescate. Todo con transparencia. “La gente confía. Y eso es lo más impresionante”, afirma.

La comunidad también responde en situaciones personales. Cuando Pedro estuvo grave, se organizó una cadena de oración masiva que incluso trascendió a medios de comunicación. Han recibido mensajes y visitas desde Argentina, Costa Rica, México y Perú.

Natalia recuerda el caso de una mujer que necesitaba con urgencia un medicamento disponible solo en Brasil para su gato. Publicó la solicitud en la cuenta y tres personas se ofrecieron a viajar con el fármaco. “Fue impresionante”, dice.

Hoy, más que una cuenta de entretenimiento, el perfil de Don Pedro funciona como un puente de ayuda: difusión de mascotas perdidas, adopciones responsables, rifas transparentes y campañas solidarias. Incluso muchos de los productos que recibe como influencer son posteriormente donados. “Pedro tiene todo. No le falta nada. Hay tantos perritos que no lo tienen”, señala.

Natalia no oculta la dimensión emocional que vive con cada crisis. “Por algo sobrevivió, por algo se hizo famoso, por algo llegó a mí”, reflexiona. Su deseo es que, cuando llegue el día en que Pedro ya no esté, la cuenta continúe como una fundación en su nombre.

Por ahora, el foco está en celebrar. Cinco años de vida que han sido intensos, desafiantes y profundamente transformadores. Don Pedro no solo es un perro influencer viñamarino: es el rostro de una comunidad que decidió convertir el amor por una mascota en una red concreta de apoyo para cientos de animales.

Y en cada cumpleaños, después de todo lo vivido, hay una certeza que Natalia repite con convicción: cada año más es una victoria.

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