¿Basura o instrumento? El proyecto que enseña reciclaje y biodiversidad a través de la música en escuelas de Valparaíso

Una lata de conserva, un envase de yogur, un tubo de papas fritas o una caja de leche pueden parecer simples residuos. Pero para cientos de niños y niñas de la Región de Valparaíso se transformaron en instrumentos musicales y en la puerta de entrada para aprender sobre reciclaje, creatividad y cuidado del medio ambiente.
Esa ha sido la propuesta de Jornadas Musicales con Los Cantos de Colores, iniciativa financiada por el Fondo de Fomento del Arte en la Educación (FAE) del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que durante julio recorrió siete establecimientos educacionales de la región con una experiencia que combina mediación artística, educación ambiental y música en vivo. La gira llegará a su fin este jueves 30 de julio en la Escuela Arturo Echazarreta de Casablanca.
Cada jornada comienza con una pregunta que sorprende a los estudiantes: ¿esto es basura o podría convertirse en un instrumento musical? A partir de esa reflexión, niños y niñas construyen instrumentos de percusión utilizando materiales reciclados como latas, envases, tubos de cartón, tetrapak, tapas plásticas y otros elementos de uso cotidiano. Luego experimentan con ritmos, juegos musicales y participan en un concierto donde dejan de ser espectadores para convertirse en protagonistas.
“Muchas veces preguntamos cuántos han ido alguna vez a un concierto y son muy pocos. Poder llevar esa experiencia a las escuelas y que ellos además participen activamente genera un impacto muy bonito”, explica Maite Solana, integrante de Los Cantos de Colores.
La iniciativa también incorpora contenidos sobre biodiversidad chilena mediante canciones inspiradas en especies como el coipo, el chungungo y el tucúquere, invitando a reflexionar sobre la importancia de proteger los ecosistemas donde habitan estos animales. El reciclaje se transforma en una herramienta de creación artística y aprendizaje.
Durante el recorrido, la agrupación visitó establecimientos de Quintay, Valparaíso, Villa Alemana, Peñuelas, Limache y Casablanca, adaptando cada actividad a las distintas realidades de las comunidades educativas. En algunos casos trabajaron con cursos pequeños; en otros, realizaron conciertos para estudiantes de diferentes niveles, demostrando que la música puede convertirse en un espacio de encuentro, expresión y participación para toda la comunidad escolar.
Más que ofrecer un espectáculo, el proyecto propuso una experiencia donde la educación artística, el cuidado del medio ambiente y el juego se encuentran para demostrar que la música también puede ser una herramienta para aprender, crear y mirar con nuevos ojos aquello que muchas veces termina en la basura.



