“La verdad y la consecuencia en los actos, son claves para recuperar la confianza de la gente”
Luis Mella, alcalde Quillota.

Después de más de tres décadas vinculado al servicio público, el alcalde de Quillota, Luis Mella, observa con preocupación los cambios en la forma de hacer política. A su juicio, el debate público ha ido perdiendo respeto y profundidad, dando paso, en algunos casos, a la búsqueda de protagonismo por sobre las ideas y las propuestas que contribuyen al bienestar de las personas. En esta entrevista, reflexiona sobre el papel de las redes sociales, el uso de la tecnología y la responsabilidad de quienes ejercen cargos públicos para recuperar la confianza ciudadana.
Desde su experiencia como alcalde y médico, Mella también aborda la vocación de servicio, la honestidad y la coherencia entre el discurso y las acciones. Recuerda a figuras políticas que admira por su consecuencia personal y destaca el contacto cotidiano con los vecinos, como una de las principales fuentes de motivación para continuar trabajando.
T.O: Después de más de tres décadas ¿qué es lo que más ha cambiado en los políticos y en la forma de hacer política?
L.M: Yo creo que ha cambiado bastante la manera de hacer política. Se ha ido perdiendo el respeto en las formas de expresarse y de manifestar los puntos de vista. Siempre ha habido discrepancia en el mundo de la política. Siempre cada uno ha defendido con pasión su punto de vista. Pero hoy veo en algunos personajes de la política, más afán de figurar que de plantear temas de fondo que vayan por el bien de la gente. Y eso me preocupa, porque creo que no es bueno para las personas.
T.O: Usted conoció la política en la que había más reuniones presenciales, conversaciones largas y relaciones personales. ¿Qué tenía aquella política que hoy se ha perdido? ¿Y qué cosas de la política actual considera mejores que las de antes?
L.M: Bueno, yo insisto, creo que uno de los cambios grandes que ha habido en la política, desde el punto de vista negativo, es perder el foco en cuanto a construir bienestar y lograr que las decisiones políticas le lleguen a la gente. Veo de pronto más interés en figurar de cualquier manera: sea con escándalos, sea con puntos de vista no respaldados. Eso es lo negativo. Ahora, lo positivo, creo yo, es el tema de la proyección a través de distintos medios de comunicación y redes sociales, para comunicar desde ahí, lo que queremos hacer en política.
Aquello que puede ser mal utilizado, se puede transformar también en algo positivo por la diversidad de fuentes con las que uno se puede comunicar con los ciudadanos. Por lo tanto, yo tengo la sensación de que aquí está en manos de nosotros, los que ejercemos la política, el cómo utilizamos los avances tecnológicos que hoy día tenemos para justamente, practicar la política.
T.O: ¿La tecnología ha acercado realmente a los políticos, a la gente, o en algunos casos ha creado una nueva distancia?
L.M: Yo creo que lo ha habido un acercamiento; pero insisto, el fondo es cómo se utiliza la tecnología. Soy partidario de utilizarla para poder comunicarle a la gente lo que se está haciendo, para poder levantar la voz frente a las injusticias. Que no se malentienda cuando uno dice que la tecnología está mal utilizada. ¿En qué sentido? Cuando se utilizan mentiras, falsedades, cuando se levanta la voz sin argumentos sólidos, ahí se va perdiendo el sentido en la forma de hacer política.
Yo sueño que con la tecnología que hoy disponemos, podamos utilizarla para terminar con la injusticia, para denunciar la corrupción, para denunciar todo lo malo que tiene la práctica de la política. Pero lo que no me gusta, es cuando se utiliza para mentir descaradamente, para crear falsedades que se multiplican en la comunidad y que la gente de pronto no sabe cuál es la verdad, o quién dice la verdad. Y tampoco me gusta la utilización de la tecnología y de la comunicación para que un político figure sin consistencia, sin solidez en cuanto a la argumentación y los objetivos que se persiguen.
T.O: Usted con tantos años siendo alcalde, ha conocido muchos políticos de distintas épocas. ¿Hay algún político que haya admirado particularmente, independiente de su tendencia política?
L.M: Bueno, hay políticos que he conocido en persona, otros que los he visto trabajar en Chile y el extranjero. Yo siempre he admirado a las personas que han demostrado consecuencia, fundamentalmente consecuencia. Y en ese sentido reconozco que ha habido políticos como don Andrés Aylwin, que ya no está con nosotros, que lo conocí como diputado. Y siempre me ha llamado la atención aquellos que hablan de trabajar por los que menos tienen y se la juegan por ellos, y muestran consecuencias en sus actos y en la forma en que viven.
T.O: Después de tantos años, ¿siente que la gente entiende hoy de igual manera su vocación de servicio social?
L.M: Yo creo que sí. Mira, yo siempre digo que para mí lo que me da más ánimo es el contacto con la gente en la calle. Pero es el contacto simple. Yo camino mucho por Quillota, yo, como ustedes saben, renuncié a una asignación de mi sueldo, que es la asignación de dirección superior, con el fin de poder seguir practicando la medicina. Eso es bueno que se sepa, porque de pronto la gente no lo sabe, hablan tantas cosas.
Para poder practicar la medicina, como la he practicado toda mi vida, después de muchas controversias con la Contraloría, se llegó a la conclusión de que un alcalde puede practicar su profesión siempre que renuncie a la asignación de dirección superior, que equivale como a un 30, 40% del sueldo, y por lo tanto, yo dejo de percibir eso, pero puedo trabajar de médico. ¿Y por qué digo esto? Porque al hacer domicilio, cosa que se ha ido perdiendo en la medicina, llego a casas donde me ven como médico, y ahí yo veo el cariño y la comprensión de la gente, y me da mucho ánimo. Porque en el mundo de la política, en el mundo de las redes sociales, a veces sale una imagen distinta.
T.O: ¿Qué piensa de las críticas? ¿Cómo las enfrenta?
L.M: Cuando uno está en un cargo, sabe que va a ser atacado. Yo todavía no conozco un alcalde que no tenga crítica, que no tenga grupos que lo atacan, hay intereses políticos, de todo tipo. Pero a mí, lo que me da ánimo y lo que me reconforta, es el cariño con el que me saluda la gente en las calles. Todavía me encuentro con gente. Me dicen siempre: ¿usted anda solo? ¿Pero por qué no voy a andar solo? Si soy un ser humano común y corriente. La gente todavía cree que la autoridad tiene que andar con guardia o con asesores, y yo muchas veces ando solo por las calles y hago mi vida normal. Voy a comprar al supermercado, me encuentro con gente, conversamos. Eso es muy rico. Y por lo tanto, yo creo que después de 30 años la gente en general, no todos obviamente, entiende cómo ha sido mi conducta con respecto a estos temas y mi proceder en la labor social.
T.O: ¿Pensó en algún momento dejar de ejercer la medicina?
L.M: Yo me alegro de no haber dejado la medicina. Imagínense ustedes si yo hace 30 años hubiese dejado la medicina. Sería un analfabeto por desuso, ya no podría ser médico. Porque si uno no está practicando, estudiando…pasa la cuenta. Yo tengo que estudiar los medicamentos nuevos, tengo que estudiar los tratamientos nuevos, y eso hace que me mantenga vigente. Pero, además, otra cosa muy importante, muy desde el fondo de mi corazón, el practicar la medicina hace que yo tenga una mirada distinta a la del alcalde. Y el pueblo, el ciudadano, se relaciona a veces conmigo muy distinto cuando habla con el doctor Mella, que cuando habla con el alcalde Mella. Siempre he dicho, practicar la medicina para mí ha sido un cable a tierra que me ha servido mucho en el ejercicio de mi cargo.
T.O: Si compara al político que usted era cuando llegó por primera vez a la municipalidad, con el hombre que es hoy, ¿qué convicciones mantiene intactas?
L.M: Bueno, lo que mantengo intacto desde el primer día y hasta hoy, es creer que practicar la política es una maravillosa oportunidad de hacer realidad el sueño de la justicia social y de trabajar por los que tienen menos. Yo no me formé en partido político, yo me formé en un grupo de jóvenes de la iglesia.
Y la doctrina social de la iglesia, la opción preferencial por los más pobres, los necesitados y los que sufren, la tengo desde el día uno y la mantengo hasta hoy. Eso es algo que yo mantengo, que le ha dado fuerza a mi trabajo. Siempre estoy pensando en cómo crear proyectos que ayuden a los más necesitados. Así surge La Casa de Acogida, surge BanAmor, surge Oportunidades para la Vida, surgen muchos proyectos que nacieron en Quillota con el equipo municipal, pero que tienen como gran objetivo la opción preferencial por los más pobres, por los que sufren. Eso lo mantengo absolutamente. Y ahí está la esencia de mi gestión.
T.O: ¿Y qué es lo que ha cambiado en usted?
L.M: Creo que en lo esencial no he cambiado. Y hay algo que también viene de la formación que uno tiene desde niño. Yo le agradezco a mis padres la formación que me dieron porque ha sido clave en las relaciones humanas: el saber disculpar. Porque, así como otros se equivocan con uno, uno también se equivoca con otros. Entonces, todos necesitamos el ser disculpado, perdonados. Y, por lo tanto, yo nunca he guardado rencores en política.
He superado rápidamente diferencias profundas que hemos tenido, o campañas que han sido muy dolorosas para mí por las formas en que se hicieron. Pero yo doy vuelta a la página y en ese sentido, de verdad, no me deja marcado como que yo tengo que de alguna manera responder a los ataques. Así que yo diría que en líneas generales he mantenido la forma de trabajar. A mi equipo siempre le digo: la estrategia siempre va a ser la verdad. Sea cual sea la verdad. Aunque se nos venga el mundo encima, pero siempre la verdad.
T.O: Finalmente ¿qué diría a las nuevas generaciones de políticos? ¿qué le gustaría que nunca olvidara en su acción, en su voluntad de servir a la comunidad?
L.M: Bueno, lo primero, que la política es una maravillosa oportunidad de servir al prójimo. Lo segundo, que tiene que ser practicada con honestidad, siempre. Y lo tercero, que vale la pena jugársela por el ser humano. Una política que sintoniza con el dolor humano garantiza el éxito. Y garantiza el éxito electoral. ¡Ojo! Muchas veces se cree que el éxito electoral está en aparecer diciendo cualquier cosa, en ser conocido por cualquier cosa, o en ser más choro que el rival, en el sentido de gritar más fuerte o levantar más fuerte la voz. Y yo he logrado confirmar que el servir al ser humano garantiza éxito electoral. Porque se da por añadida la elección. Y si no me creen, con mucha humildad lo digo, gané siete elecciones y volví después en una octava elección. Así que mi mensaje fundamental y mi recomendación es que se la jueguen y ojalá con una opción preferencial por los más pobres.



