La diferencia de ser inmigrante de Europa y Latinoamérica en Chile
Puntos de encuentro y desencuentro frente a la complejidad económica y social que vive el país en la actualidad. Por Nicole Cornejo González

La inmigración ha sido tema en los últimos cinco años previo a los acontecimientos que han marcado la situación política y social en el país como el estallido social el año 2019 y la pandemia que afectó al mundo y que acarreó una serie de disyuntivas en las familias y la sociedad frente a la inseguridad e incertidumbre en el bienestar social.
Además, la situación de muchos inmigrantes en Chile y en las regiones que tuvieron que batallar una serie de complejidades a nivel económico, adaptaciones culturales y una serie de situaciones propias de la convivencia.
En la Región de Valparaíso, la gran mayoría se concentra en las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, pasando por diversas experiencias desde su llegada al país. Es el caso de Amanda Riera de Venezuela y Alexis Fredes de Suecia, quienes llegaron al país en los años 2016 y 2011, respectivamente.
Amanda llegó con su familia cuando tenía trece años, por lo que su experiencia comienza desde su vida estudiantil en el colegio, pero en la actualidad sigue su educación en la Universidad Viña del Mar en la carrera de Medicina Veterinaria.
En tanto, Alexis Fredes, como sueco, llegó con su familia y trabaja como guardia de seguridad. Ambos viven en la ciudad de Valparaíso, pero la diferencia entre un inmigrante latino y otro proveniente de Europa dista mucho en el trato y forma en materia de inmigración y experiencia, según cuentan.
Amanda: “Cada persona merece una oportunidad para empezar en el lugar que quiera”

¿Cómo fue tu llegada a Chile?
Yo llegué a Chile en avión en el año 2016. Llegué con visa, con todos mis papeles al día, entonces entré de manera legal. Primero como turista, pero luego me regularicé. Tenía 13 años. Un año antes, el 2015, mi padrastro viajó a Chile para trabajar y así poder traer a nuestra familia, a mí, a mi hermano y a mi mamá, así que llegamos todos juntos.
¿A qué te dedicas actualmente?
Ahora me estoy dedicando a estudiar, estaba trabajando a principio de año, pero lo dejé porque no me daba tiempo con la Universidad. Estoy estudiando Medicina Veterinaria en la Universidad Viña del Mar.
Antes de llegar al país, ¿Sabías algo de Chile?
Me sabía el himno (risas). Cuando llegue, empecé a estudiar y me quiero saber el himno, para no quedarme callada en el acto. Entonces lo aprendí en Venezuela y se me hizo muy fácil. En realidad, no sabía mucho de Chile. Acá vive una tía y por eso elegimos el país, porque ya teníamos una persona acá.
¿Qué opinas de la inmigración?
Yo creo que cada persona merece una oportunidad para empezar en el lugar que quiera, a veces sirve mucho para el desarrollo del propio país. Pero sí es cierto que hay mucha controversia, porque el tipo de personas que llegaban en el 2016, como yo, es muy distinta al tipo de personas que llega en la actualidad. Te aseguro que esas personas que ven en los semáforos pidiendo plata o comida no son personas que llegaron hace muchos años. Eso también ha influido en que las cosas para regularizarse. Las cosas están mucho más difíciles, antes era muy fácil y ahora es muy difícil, entonces no quedan muchas opciones para que ellos estén legales.
¿En qué crees que se diferencian? ¿En el tema de los movimientos de cada época?
Se diferencian en cuanto a su forma de hablar, educación (…) Si se puede ver esa diferencia. Las personas que llegaban en esos años generalmente planeaban irse del país, sabían que querían algo mejor para su futuro y empezaban a planear eso de forma correcta. Sin embargo, las más recientes, son personas que han ido tanteando terreno en distintos tipos de países viendo a qué les depara la suerte, todo es al punto de suerte, como que “Bueno, me voy a Chile a ver qué pasa”. Entonces por eso mismo, de que no saben dónde van a trabajar, dónde van a vivir, cómo van a llegar, no traen dinero para sobrevivir; por eso existe esa diferencia entre el inmigrante que ha podido salir adelante y el que solo se queda ahí, pidiendo o que no puede regularizarse. Y bueno depende mucho de la zona, hace muchos años la gente que se estaba yendo del país era de zonas más privilegiadas. Ahora me cuentan mis amigos que en Venezuela no queda delincuencia, porque ya se fueron todos los delincuentes, allá la gente ya vive en paz y ahora aquí en Chile está la delincuencia. Y no solo en Chile, sino también en el resto de Latinoamérica, porque se expandieron para todos lados.
Y el trato hacia los inmigrantes en el año que llegaste, ¿Crees que es diferente al de ahora?
Yo creo que sí. A mí no me ha tocado nunca que una persona me trate mal directamente diciéndome algo que me haga saber que esa persona es xenófoba. No me han dicho “devuélvete a tu país” o cosas así. De que he tenido malos tratos de gente, obvio sí, pero no creo que haya sido algo por xenofobia, porque a veces ni se me nota que soy de otro lado. Pero sí ha cambiado bastante por la generalización.
¿Te parece que el trato de parte de los chilenos es grato hacia los inmigrantes? ¿O deberíamos cambiarlo?
En mi caso, a mí nadie me ha tratado mal ni nada por el estilo, o tal vez puede ser que lo hayan intentado, pero en realidad yo no recuerdo que haya tenido o que me haya afectado algo que me dijeran. Pero viendo desde afuera, yo creo que tal vez sí, porque se ven muchos vídeos en las redes sociales de personas que no tienen el respeto suficiente para dirigirse a los inmigrantes. Pero yo creo que es algo que pasa hasta con el mismo chileno, se tratan como se tratan.
¿Piensas que existen limitaciones en el sistema educativo por ser inmigrante?
No, como a ellos solo les importa el dinero no creo que haya. Tampoco me he enterado de que existan programas especiales, solo becas, pero a mí no me dieron nada de eso.
¿Cómo crees que Chile enfrentó la pandemia?
Yo creo que fue muy bien, fue el país de Latinoamérica con mayor porcentaje de rapidez de las vacunas. Estaba emocionada cuando me tuve que vacunar.
¿Sabes cómo fue la pandemia en Venezuela?
Era como si no hubiera. No eran estrictos con las mascarillas. El proceso de vacunación fue meses después de Chile y solo había vacunas chinas. El confinamiento y esas medidas no estaban.
¿Cómo fue tu experiencia en el estallido social?
Estaba en segundo medio cuando pasó, y la mitad de ese año no lo tuve. Estuvimos en uno o dos meses de paro. Lo que más afectó fue a Valparaíso, a mí la ciudad me parece muy bonita, pero luego de 3 años, Valparaíso todavía no se recupera, ninguna tienda tiene vitrales, todo es de metal y se ve feo. En realidad, para mí no fue impactante, no estuve presente en las marchas, sentí que no era mi lucha, no era un motivo para el que yo estuviera ahí, porque tampoco sabía mucho de la historia, ni entendía las razones. Con lo que no estaba de acuerdo era con las destrucciones, pero el hecho de que estuvieran exigiendo al gobierno lo que ellos quieran, están en todo su derecho, es una democracia, pero en la forma en que lo hicieron es total vandalismo, todavía se ven las secuelas.
¿En Venezuela participaste en manifestaciones?
No, porque yo era pequeña, solo iba de casa al colegio, además tenía transporte, entonces no me iba sola. A mí no me dejaban salir. Pero si recuerdo las manifestaciones masivas y eran parecidas a las de acá, pero la pelea que se dio en ese momento, las cosas por las que estaban pasando los venezolanos eran diferentes. Si pasó algo grave en las manifestaciones como muertes y destrozos, siento que los motivos eran de mayor magnitud, por lo que tengo entendido, porque yo no entendí mucho lo que pasó el dieciocho de octubre en Chile.
Alexis Fredes: europeo, sueco y guardia de seguridad

¿Cómo llegaste a Chile?
Elegí venirme a Chile porque tenía familia acá. Yo crecí en Suecia, pero mi mamá y mi papá eran chilenos. Solo esperaba el momento en el que quisieran venir. Allá es mucho más cuadrado, de la casa al trabajo y viceversa, además no iba a estar solo acá.
¿Cómo es la inmigración en Suecia?
Diversa. En la época que yo me vine a Chile, empezó la inmigración de Siria. Los suecos preparan todo para el inmigrante que decide ir, les preparan casas para acogerlos. Lo mismo que pasó acá en el 1973, a los chilenos allá le prepararon donde llegar, lo mismo estaba pasando en esos tiempos. En Suecia hay muchas razas, inmigración de africanos, asiáticos (…). Además, en ese tiempo estaban llegando muchos sirios por el conflicto, palestinos también emigraban, pero los suecos son ordenados en ese tema y abren las puertas.
¿Cómo podrías comparar la inmigración en Suecia y en Chile?
No hay comparación. Allá es más regulado, te dan un tiempo de poder estar y llevan un conteo de la gente, si la persona no es apta para seguir viviendo, la devuelven. Llevan un control de la inmigración, en cambio acá es todo desordenado.
¿Crees que hay una diferencia entre el inmigrante latinoamericano y europeo?
Sí, es mucha la diferencia. Por mi parte no he tenido experiencias, pero históricamente se le abrieron las puertas en el sur a familias alemanas que no sabíamos de dónde venían, prácticamente de “familias nazis” y se le abrieron las puertas de una ciudad entera, pero llegan peruanos y los tratamos como si fuera lo último de la raza. Es mucha la discriminación. Al “gringo” y al europeo se les dan muchas facilidades. También porque vienen con otros fines, algunos vienen con tema de negocios, pero todos deberían tener la misma oportunidad.
¿Tu familia ha sufrido discriminación por venir de otro país en Suecia?
Al ser un país tan diverso, ni mi familia ni yo sufrimos discriminación. Pero acá, en las calles he visto cómo tratan al inmigrante. Tuve la suerte de estar en un país más avanzado y no hacen diferencias.
¿Crees que hay limitaciones en el sistema chileno que te puedan haber impedido de quedarte?
Me favoreció que mi familia haya sido chilena, por el idioma, todo. Diferente al resto de chilenos no soy. Revalidar los estudios en Chile es complicado por el trámite, pero más allá de eso no. Además, el idioma siempre lo controlé bien, no he tenido problemas con eso.
¿Cómo fue tu experiencia en la pandemia?
Complicada. Ya llevaba tiempo acá, pero me tocó ser papá en la pandemia. El trabajo fue complicado, pero dentro de todo lo malo, la pasamos bien, pudimos mantener ingresos con mi pareja, no los mismos, por todo lo mal que se llevó la pandemia, pero lo hicimos bien.
¿Tienes alguna idea de cómo fue la pandemia en Suecia?
Sí, mis papás se devolvieron a Suecia, por eso es que tengo conocimiento de lo que pasa allá. Hicieron un tipo de “rebaño”, dejaron que la gente se contagiara y se hicieron inmunes, la pasaron mal. De a poco lo fueron controlando, murió gente al principio, pero dejaron que mucha gente se fuera. Son más fríos, lo dejaron hacer, y con el tiempo se controló mejor, cuando nosotros teníamos cuarenta mil muertos, ellos ya habían quedado en diez mil, pero esos diez mil murieron en los primeros seis meses, ahí se calmó. En el sistema de trabajo fue más complicado, para lo que trabaja el inmigrante allá; aseo, trabajo de construcción, estuvo más limitado, se les complicó.
Desde tu punto de vista, ¿Cómo fue el estallido social?
También difícil, pero era esperable, se veía venir. O explotaba ahora o iba a explotar en diez años más. Si uno ve lo que está mal y lo que está bien, y hace una balanza de lo que pasa en este país, es esperable. Yo sabía la historia de Chile, llegué hace tiempo, ya sabía cómo funcionaba todo, hasta a mi me aburren muchas cosas. Cuando estaba en Suecia, mis papás veían las noticias y decían que Chile estaba mal. Yo cuando vine me pude sostener, pero uno se da cuenta que las cosas no están funcionando. Era esperable que pasara lo que pasó.
¿Y en comparación a las manifestaciones de Suecia?
Es incomparable, porque estamos hablando de un país desarrollado y a uno que le falta mucho. Allá pueden manifestarse pacíficamente, porque el país no está mal, acá si no se salía a la calle, nadie iba a escuchar. No había otra forma. Lo que te van a mostrar siempre en las noticias son los destrozos, pero la gente estaba marchando en las calles, era la forma de ser escuchados.
Y en Suecia, ¿Participaste de manifestaciones?
Sí, fui a una en el centro de Estocolmo, era en contra del conflicto israelí-palestino, pero no era un conflicto interno del país, no era que estemos en contra de algo de Suecia, solo son marchas, pero tranquilas. Nadie rompía nada. Yo iba a las marchas por voluntad propia, porque estaba en contra de ese conflicto, pero en la experiencia, comparado con las manifestaciones de acá, es más duro en Chile. A todos nos afectó un poco, estando de acuerdo con todo lo que se exigía, te afecta. Te afecta el trabajo, si te quemaban el supermercado que estaba cerca de tu casa, pero era esperado.




