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Niño Palta: “La Casa Palta me encontró a mí”

Una palta gigante que parece flotar sobre un campo de paltos, con vista panorámica al valle y una historia familiar detrás.

Así nació la Casa Palta, el proyecto de Ignacio Ríos, creador del Niño Palta, quien transformó una idea surgida casi por casualidad en una propuesta turística que busca poner en valor el potencial de la zona de Quillota. Construida en un terreno ligado a sus raíces familiares, la casa es parte de un proyecto mayor que contempla abrir el fundo El Rodadero al turismo, con cabalgatas, experiencias ecuestres y el legado del Viejo Oeste de su abuelo recién fallecido, don Aníbal Ríos Montt.

T.O: ¿Cómo nació la idea de construir una casa con forma de palta? ¿Qué inquietud personal había detrás de este proyecto?

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I.R: Empezó con un correo que casi elimino sin abrir. Airbnb lanzaba el OMG! Fund: iban a financiar a cien personas en el mundo para construir el alojamiento más insólito que pudieran imaginar. Yo estaba creando al Niño Palta, así que la idea cayó sola: ¿dónde vive el Niño Palta? En una palta gigante, flotando sobre un campo de paltos. Postulé y quedé entre los ganadores. Igual tengo la sensación de que las ideas no son de uno. Andan buscando a alguien que las haga realidad, y la Casa Palta me encontró a mí.

T.O: ¿Quién es el Niño Palta?

I.R: Un personaje salido de mi imaginación. Me encanta el mundo de la palta, pero el lado comercial no me alcanzaba para todo lo creativo que tenía adentro. Necesitaba un lugar donde jugar, y el Niño Palta nació como un compromiso conmigo mismo: no dejar nunca de hacerlo. Los niños miran el mundo con una sabiduría y una liviandad que los adultos vamos perdiendo. Yo no las quiero perder. Y sí, es absurdo: de día cultivo paltas, de tarde las vendo y de noche duermo adentro de una. El chiste se cuenta solo, pero también me recuerda que la vida es demasiado corta para tomársela tan en serio.

T.O: Un desafío que va más allá de la construcción. ¿Cuáles han sido las dificultades que has enfrentado durante el proceso y qué has aprendido de esta experiencia?

I.R: El desafío era este: una palta perfecta, de costado y partida por la mitad, que parece flotar sobre la punta de un cerro. Por dentro, la pulpa es el espacio habitable y el cuesco es el baño. Se entra por una pasarela y, gracias a los vidrios curvos, la vista es de 360 grados sobre el valle. Todo sostenido por un silo de hormigón armado de diez metros de altura, en un lugar al que solo se llega en 4×4. Quien sepa algo de construcción entiende lo que esto significa. No hubo una constructora detrás: me tocó ponerme todos los sombreros y aprender en el camino oficios que ni sabía que existían. ¿Qué aprendí? Uf… más de lo que me hubiera gustado.

T.O: La palta es uno de los productos más representativos de esta zona. ¿Qué significado tiene para ti vincular esta construcción con la identidad agrícola del territorio?

I.R: Creo que la identidad de un lugar la construye su gente, no una casa. También tengo claro que no puedo hablar por Quillota, solo por mí. Lo que sí sé es que esta casa no podría estar en otro lugar. Nació aquí, entre los paltos donde creció mi familia, y le debe todo a esta tierra. Si con los años los quillotanos la sienten un poco suya, sería un honor. Pero eso no se pide: se gana con el tiempo.

T.O: Más allá de su forma y de lo llamativa que resulta, ¿la imaginas como un espacio turístico, una experiencia de alojamiento, un lugar de encuentro o una plataforma para desarrollar nuevas iniciativas?

I.R: Como todo eso, pero sobre todo como una vitrina. La Casa Palta es una estación dentro de algo mucho más grande. Con mi familia, y muy especialmente con mi tío Pablo Ríos Manzi, estamos trabajando para abrir el fundo El Rodadero al turismo: caballos, cabalgatas, centro ecuestre y el mundo del Viejo Oeste de mi abuelo, todo en un mismo campo. Lo estamos preparando con cariño, pensando tanto en el visitante de la zona como en el extranjero.

T.O: Proyectas inaugurar a fines de 2026. ¿En qué etapa se encuentran las obras? ¿Qué tendría que ocurrir para considerar que el proyecto cumplió sus objetivos?

I.R: El lanzamiento es el 12 de diciembre, el 12 del 12. Me quedan algunas construcciones y detalles, y estoy armando las experiencias y la web. ¿Los objetivos? No le pongo metas a la Casa Palta. La miro como a un hijo: quiero que esté sana, que traiga buena energía y que atraiga buena gente. Para mí, el mayor éxito es que el día a día se disfrute de los dos lados: el mío y el de quien viene. Si eso deja de pasar, algo estoy haciendo mal. Y si la gente se va con ganas de volver, vamos bien.

T.O: Cuando las personas conozcan la Casa Palta, ¿qué te gustaría que se llevaran de la experiencia?

I.R: Aposté por esto porque creo en nuestra zona. Estamos entre la ciudad y el mar, tenemos un microclima privilegiado y aquí se concentra gran parte de la producción de palta de Chile. Me atrevo a decir que también la mejor del mundo. El potencial es gigantesco. Convertir ese potencial en un destino es tarea nuestra. La Casa Palta puede ser la excusa para que mucha gente venga; lo que haga que se quede es todo lo demás que tenemos. Es solo una pieza más. Conversando con gente de acá he descubierto muchas iniciativas y emprendedores con las mismas ganas. Las ideas sobran; lo que importa es ejecutarlas, y nadie puede solo. Por eso estamos armando alianzas con gente que está en la misma sintonía.

T. O: Tu abuelo, Aníbal Ríos Montt, el Sheriff de Quillota, falleció hace pocos días. ¿Qué lugar ocupa él en todo esto?

I.R: En primer lugar. Mi abuelo fue boxeador, jinete de rodeo, banquero y escritor: publicó el primer libro chileno sobre el Lejano Oeste. Pero sobre todo fue un visionario. Fue influencer cuando no existían las redes sociales: aun así, logró que todo Chile conociera al Sheriff de Quillota.

Mucha gente creyó que era un personaje. No lo era. Él no jugaba a ser sheriff: él era el Sheriff. Construyó su mundo con las manos y vivió adentro de él hasta los 95 años. La última vez que grabamos juntos fue en su Bar del Oeste, para un video que me ayudó a hacer. Falleció un 8 de octubre. El hombre se fue, pero la leyenda recién empieza. Y ahora nos toca a nosotros, como familia, seguir escribiéndola.

Instagram: @elninopalta

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