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Opinión: El caos de Valparaíso

Por Miguel Chamorro Maldonado Doctor en Comunicación y Periodismo Universidad Viña del Mar

La ciudad de Valparaíso vive inmersa en un verdadero caos que ya no puede más tras un abandono económico que se extiende a otras aristas importantes como lo social, cultural y seguridad. La capital de la Región de Valparaíso, ya no tiene esa gracia propia que caracterizaba de su tradición del pasado con un comercio activo, vida cultural y poética junto a recorridos por paseos y miradores.

En la actualidad, existe una irresponsabilidad de sus autoridades centrales que, no han sido capaces en proteger a la ciudad, independiente de todo lo ocurrido en los últimos años desde lo sufrido en el estallido y el hoyo que tiene sumergido a la ciudad con la Pandemia.

Si hacemos una revisión al pasado, es necesario hacerlo, porque lo que fue bueno en una época anterior, en la actualidad no existe ante una falta de preocupación por mantener una ciudad que ha perdido tradición, respeto y seguridad, donde los únicos perjudicados son sus habitantes porteños.

Valparaíso tuvo costumbres y tradiciones. Una de ellas fue el comercio y el paisaje. Si volvemos la mirada hacia atrás, las últimas autoridades comunales han dejado un verdadero desastre: un alcalde que aprobó licitaciones para que inmobiliarias construyeran a su antojo edificios altos que rompieron con el plano regulador de las vistas del paisaje natural, levantando verdaderas fortalezas de condominios que rompieron el eje natural de la ciudad desde los cerros a la bahía y, el último, ha convertido la comuna en un verdadero campo de batalla tras el estallido social sin proteger nada, llevándola al más profundo caos económico con cierres de negocios, colocando al comercio en la hoguera. Valparaíso viene mal desde antes del estallido social, pero empeoró con el conflicto político donde las autoridades no estuvieron a la altura de las circunstancias para cuidar el patrimonio de todos los porteños. Con la pandemia, las esperanzas se han agotado aún más.

En la época buena, el comercio era vivo y atractivo con tiendas que llenaban sus escaparates con maniquíes con prendas de vestir que daban vitalidad a la ciudad. Había vitrinas con modistas que mostraban sus habilidades en máquinas de coser ofreciendo a los transeúntes una oportunidad para motivar la compra y distracción. 

Las calles eran una verdadera felicidad que caminar por ellas, era un lujo de calidad que mantuvo viva a la ciudad por muchos años donde se veía cultura de comportamiento por el autocuidado y vida cívica.

Valparaíso
Crédito: Facebook Valparaíso del Recuerdo

Caminar por Valparaíso era vida, fiesta y belleza con la preparación de sus enormes escaparates. Calles como Condell o Victoria tenía tiendas de telas en las que se exhibían maniquíes vestidos o bustos de yeso, como explica Manuel Peña en sus “Crónicas Porteñas” de 1999. 

Quienes saben de cómo era la vida antes en Valparaíso, se recordarán que era posible observar, apreciar o ver el busto de yeso que representaba alguna elegante mujer con sus vestidos y sombreros de la época. 

Eso era Valparaíso antes, una ciudad que llamaba la atención con tiendas elegantes llena de vida, belleza y sentimientos de seguridad. Sin embargo, hoy está con la soga al cuello, siendo el comercio y el turismo los más afectados.

Desde el año 2020, tras el primer semestre de la cuarentena, una vez en la fase dos, hubo autoridades preocupadas por la caída del comercio, sobre todo en el campo del turismo y la gastronomía local e internacional. Es el caso de Alejandro Garrido, Seremi de Economía, quien reconoce que su preocupación en el desempleo durante la crisis, las cifras han alcanzado un 14 %.

La actividad económica y el comercio es un fantasma, ya que todo ha generado un dolor de cabeza para quienes, los pocos que se mantienen en pie, solo lo hacen para pagar el arriendo del local, acumulando deudas. 

Calles vacías y comercio cerrado como efecto de la pandemia. Valparaíso sin vida.
Fotografía: Miguel Chamorro.

Más del 25% de los locales comerciales de la ciudad de Valparaíso ha debido cerrar, debido a las pérdidas que vienen desde el estallido social, donde hay una clara despreocupación, no solo de la autoridad comunal, sino también de parlamentarios que han hecho oídos sordos a las demandas de emprendedores y trabajadores que solicitan una mesa técnica de trabajo para sacar adelante a la ciudad que está sumida en un verdadero caos.

No sorprende la crisis de la ciudad. El abandono que han dejado las autoridades es moral y social, donde no se ha respetado al porteño que, independiente de todos los calificativos que pueda tener el corazón porteño, hay una pérdida de sus raíces de revalorización, sumida en el más completo desastre económico y comercial.

Atrás quedaron los grandes palacios, escalinatas y personajes como cuentos de historias porteñas. Y por favor, no vengan a decir que, ante la pandemia, no se puede hacer nada. La pandemia es cuidado, pero la voluntad y respeto a una tradición es otro tema que interesa a los porteños. Caminar por la ciudad es deprimente y dicha sensación no es una reacción de quien escribe estas líneas, sino del porteño común y corriente que circula por la ciudad, de los que aún aguantan en los pocos negocios que quedan abiertos o por los esforzados cuidadores de autos, los que saben realmente el funcionamiento de la ciudad, sin intereses políticos o económicos.

Valparaíso, esa metrópoli calificada de única por su techumbres, vida social o salones que dieron vida o despertaba curiosidad a los visitantes, dejó de ser esa poesía de asombro que divaga en la condena del mal trato por la irracionalidad desmesurada de sus últimas autoridades comunales.

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