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Cable Hong Kong–Concón: decreto firmado y anulado, presión de EE.UU. y advertencias expertas profundizan la crisis

El proyecto de cable submarino de fibra óptica entre Hong Kong y Concón continúa generando repercusiones políticas y diplomáticas, luego de que se confirmara que el 27 de enero el ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, firmó un decreto que otorgaba a China Mobile International una concesión por 30 años para instalar, operar y explotar la red en Chile, documento que fue anulado dos días después.

La situación coincidió con la decisión del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, de revocar las visas a tres autoridades chilenas vinculadas al proyecto: el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz; el subsecretario de Telecomunicaciones, Claudio Araya; y el jefe de gabinete de la Subtel, Guillermo Petersen. La medida se adoptó en el marco de la creciente rivalidad estratégica entre Washington y Beijing y marcó un punto de inflexión en la controversia.

Concesión por 30 años y contradicciones oficiales

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El decreto establecía una concesión por tres décadas para un trazado de 19.873 kilómetros entre Hong Kong y Concón, en la Región de Valparaíso, con inicio de obras en un mes, término en 18 meses y entrada en operación en 20 meses. Esto implicaba que la construcción comenzaría durante la administración del Presidente Gabriel Boric y concluiría bajo el próximo gobierno de José Antonio Kast.

La posterior anulación del decreto, atribuida a un “error técnico”, generó cuestionamientos, especialmente porque públicamente se había señalado que el proyecto se encontraba en etapa de evaluación. La existencia de un acto administrativo ya firmado tensionó ese relato.

Antes de la firma del decreto, el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, había advertido a autoridades chilenas sobre eventuales consecuencias si el proyecto avanzaba. Posteriormente sostuvo reuniones con los ministros Adriana Delpiano y Luis Cordero, además del canciller Alberto van Klaveren, reiterando la preocupación de Washington.

La revocación de visas marcó un punto crítico y evidenció el nivel de sensibilidad que la Casa Blanca atribuye a proyectos de infraestructura digital que involucren a empresas chinas en la región.

Chile en el centro de una disputa estratégica

En conversación con el diario electrónico Emol, el periodista y director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae, Alberto Rojas, sostuvo que el episodio demuestra cómo Chile quedó atrapado en la lógica de competencia entre potencias.

Rojas explicó que en el actual escenario internacional las decisiones vinculadas a infraestructura crítica —como cables submarinos, redes 5G o puertos estratégicos— ya no son percibidas como meramente comerciales. En su análisis, cuando un país permite que una empresa de un Estado rival opere una red que transporta datos financieros, gubernamentales y corporativos, la lectura inevitablemente es política.

El experto indicó que Estados Unidos ha endurecido su postura frente al avance tecnológico chino en América Latina y que la señal enviada a Chile es coherente con esa estrategia global. En ese contexto, sostuvo que la reacción de Washington no puede entenderse como un hecho aislado, sino como parte de una política más amplia de contención tecnológica.

En la misma línea, planteó que el caso expone la dificultad de Chile para equilibrar su relación con su principal socio comercial —China— y su histórico aliado en materia de seguridad —Estados Unidos—, en un entorno internacional cada vez menos predecible y más condicionado por criterios estratégicos.

Asimismo, en conversación con Radio Pauta, el director del Centro de Estudios Internacionales de la Pontificia Universidad Católica, Jorge Sahd, coincidió en que el caso evidencia la ausencia de un mecanismo formal en Chile para evaluar inversiones extranjeras en sectores sensibles desde la perspectiva de seguridad nacional.

Sahd subrayó que la “seguridad económica” —la intersección entre economía y defensa— será uno de los principales desafíos para la política exterior chilena en los próximos años y que la rivalidad entre Washington y Beijing ya impacta directamente en decisiones soberanas del país.

El antecedente del proyecto Humboldt

La exministra de Transporte y Telecomunicaciones, Gloria Hutt, recordó que durante el gobierno de Sebastián Piñera se impulsó el proyecto Humboldt, con un trazado hacia Australia para diversificar rutas y evitar dependencia directa. La iniciativa fue traspasada a Desarrollo País para su continuidad.

Hutt cuestionó la necesidad de un cable directo adicional y enfatizó que el punto crítico no es solo quién construye, sino quién opera y eventualmente accede a los datos.

La controversia por el cable Hong Kong–Concón dejó en evidencia que la infraestructura digital es hoy un activo estratégico de primer orden. Con China como principal socio comercial y Estados Unidos como socio clave en seguridad, Chile enfrenta el desafío de definir criterios claros y transparentes para proyectos de largo plazo que trascienden lo técnico y se insertan en la disputa global por influencia tecnológica.

Más que un episodio aislado, el caso revela la complejidad de la política exterior chilena en un escenario internacional crecientemente polarizado.

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