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Estudio advierte mayor presión hídrica en el centro-sur: lluvias más irregulares y aumento de temperaturas

Investigación proyecta cambios en la disponibilidad de agua entre 2025 y 2050, con impactos directos en la agricultura y la gestión del recurso.

Un escenario cada vez más complejo para la disponibilidad de agua proyecta un reciente estudio desarrollado por expertos del Centro Regional Ceres, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad de Siegen, el que advierte una mayor presión hídrica en la zona centro-sur de Chile en las próximas décadas.

La investigación, centrada en la cuenca del río Achibueno en la Región del Maule, indica que entre 2025 y 2050 las precipitaciones serán más irregulares, concentrándose en periodos breves. Esto se traduciría en un aumento de eventos extremos, como crecidas e inundaciones, pero también en lapsos prolongados de escasez hídrica.

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A este escenario se suma un incremento sostenido de las temperaturas, especialmente de las mínimas, lo que impacta directamente el ciclo del agua. Según el estudio, este fenómeno aumentará la evapotranspiración, es decir, la pérdida de agua hacia la atmósfera, reduciendo su disponibilidad en los meses de mayor demanda agrícola.

Si bien en algunos periodos del año, como el invierno, podría registrarse mayor disponibilidad hídrica, esto no garantiza abastecimiento en primavera y verano, cuando los cultivos requieren más riego. Esta descoordinación temporal es uno de los principales desafíos que plantea el cambio climático.

El análisis también advierte que el uso del suelo ha influido significativamente en la disminución del recurso. Estudios complementarios en la cuenca del río Longaví muestran una reducción sostenida en la escorrentía, el flujo lateral y la recarga de aguas subterráneas en las últimas décadas, junto con un aumento en la evapotranspiración.

Entre las causas se identifican la expansión de la agricultura intensiva y las plantaciones forestales, que incrementan la extracción de agua y reducen la recarga de acuíferos, aumentando la presión sobre ríos y napas.

Frente a este panorama, los especialistas plantean la urgencia de adaptar las estrategias de gestión hídrica, incorporando medidas como la modernización de sistemas de riego, la protección de zonas de recarga y una planificación agrícola acorde a la disponibilidad real del recurso.

El estudio concluye que la variabilidad climática ya es una realidad presente y que el desafío no es si afectará a la agricultura, sino cuánto y qué tan preparados están los territorios para enfrentarlo.

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