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Las barreras invisibles de la inclusión: La historia de esfuerzo de una quillotana seleccionada en Periodismo que busca abrir caminos en la educación superior

Constanza Canales Luna superó la parálisis cerebral, terminó la enseñanza media a los 28 años como la mejor alumna y obtuvo el puntaje necesario en la PAES para ingresar a la universidad. Sin embargo, los vacíos de recursos en el sistema técnico-institucional abren el debate sobre las reales oportunidades para las personas con discapacidad en Chile.

El debate sobre la inclusión de personas con discapacidad en el sistema educativo chileno suele abordarse desde las cifras, las normativas vigentes y los discursos institucionales. No obstante, la realidad detrás de las aulas de educación superior expone una serie de desafíos estructurales que aún persisten. El caso de Constanza Damaris Canales Luna (29), una joven quillotana con parálisis cerebral, ilustra de manera fidedigna la brecha existente entre el mérito académico, el esfuerzo personal y la capacidad de respuesta de las instituciones de educación superior del país.

Ex-paciente de la Teletón y formada gran parte de su vida en el sistema de educación especial, Constanza trazó una ruta académica que desafió los diagnósticos iniciales. En 2023, a los 27 años, tomó la decisión de retomar sus estudios de enseñanza media, ingresando a un colegio de educación integral de adultos. Su meta, que para muchos representa un trámite administrativo estándar, constituía el primer eslabón de un proyecto de vida enfocado en la comunicación de masas.

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El aula de adultos y el proceso de la PAES

La inserción en el sistema formal regular implicó un proceso de aprendizaje mutuo. “Al entrar al colegio sentí muchas miradas. Para los profesores también era un desafío”, recuerda Constanza. Durante los primeros dos meses, ante la falta de personal de apoyo, su madre debió asistirla presencialmente en el aula de clases hasta el arribo de una tutora pedagógica permanente. La adaptación con sus pares avanzó de manera paulatina hasta consolidar un entorno de confianza. Al cierre del año escolar, la institución la condecoró como la mejor alumna de su nivel debido a su rendimiento académico.

Animada por el cuerpo docente y con el soporte del Programa de Integración Escolar (PIE) para gestionar las adecuaciones técnicas necesarias, Constanza se inscribió para rendir la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) durante el proceso 2024.

La rendición del examen nacional se extendió por tres jornadas intensas y requirió la implementación de protocolos específicos de accesibilidad:

  • Infraestructura técnica: Uso de un computador adaptado para la visualización de los exámenes de selección múltiple.

  • Apoyo humano: Disposición de dos examinadoras de apoyo encargadas de transcribir de forma exacta las respuestas de la postulante.

  • Tiempo adicional: Otorgamiento de horas extra reglamentarias para responder las pruebas con la debilidad y tranquilidad requeridas.

Los resultados de la evaluación superaron las expectativas del entorno familiar. Al revisar las opciones y guiada por su interés en la escritura y la expresión de ideas, Constanza postuló a la carrera de Periodismo. A los pocos días, el sistema arrojó su selección en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), asociada además a una beca de excelencia académica.

La brecha institucional y las tareas pendientes

Pese al éxito en el proceso de selección centralizado, el ingreso formal a las aulas universitarias se enfrentó a un obstáculo común en los planteles de educación superior en Chile: la falta de infraestructura de apoyo y recursos económicos específicos para cubrir las necesidades severas de asistencia física y pedagógica.

Tras sostener reuniones virtuales e iniciar el proceso a través del programa de inclusión de la casa de estudios, Constanza y su madre fueron invitadas a conocer las dependencias del plantel en Valparaíso. En dicha instancia, la administración de la institución manifestó con honestidad que no contaban con los recursos suficientes ni las ayudas técnicas especializadas requeridas para garantizar la continuidad de su proceso formativo bajo estándares óptimos, quedando su ingreso en un estado de postergación indefinido.

“Al principio me frustré por no poder entrar a la universidad. Pero quiero creer que todavía no era el tiempo. Tal vez Dios tenía otros planes para mí. Una vez más tenía que detenerme y pensar qué hacer en ese momento de mi vida”, reflexiona Constanza.

La joven quillotana enfatiza que el propósito de visibilizar su caso no busca generar conmoción asistencialista, sino poner de manifiesto que la discapacidad no limita las capacidades cognitivas ni los anhelos de superación de los individuos. Actualmente, proyecta continuar desarrollando su vocación comunicacional a través de la escritura independiente, mientras la realidad de la educación superior en Chile mantiene el desafío de transitar desde los programas de inclusión declarativos hacia la implementación real de recursos y soportes técnicos eficientes para todos los estudiantes.

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