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Activista y profesor quillotano reflexiona a siete años de su diagnóstico de autismo: “Ya me entiendo, pero la sociedad me sigue viendo como un bicho raro”

Titulado en matemáticas, padre y exalumno del colegio Francisco Miranda, el profesional compartió un íntimo testimonio sobre su neurodivergencia, haciendo un urgente llamado a derribar la ignorancia y avanzar hacia una inclusión real que deje atrás el paradigma médico.

Hace exactamente siete años, la vida de un conocido vecino quillotano tomó un giro revelador. Titulado como profesor de matemáticas, exalumno del colegio Francisco Miranda y padre de familia recibió la confirmación de un diagnóstico que por mucho tiempo sospechó: es una persona autista.

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En el marco de este significativo aniversario personal, el docente y actual activista por los derechos de las personas autistas decidió compartir una profunda reflexión sobre lo que ha significado descubrir su neurodivergencia en la etapa adulta, un hito que, asegura, le permitió reconciliarse con su propia historia.

“Es el momento en que empecé a ver las cosas desde otra perspectiva, entendiendo por qué me pasaban ciertas cosas, por qué siento que no encajo en ningún lugar, por qué he sido discriminado, vulnerado y rechazado tantas veces. Ahora lo comprendo perfectamente”, relató en su testimonio.

El educador asegura que, si bien tener un diagnóstico claro no cambió drásticamente sus rutinas, sí le otorgó una invaluable paz mental. “Sigo siendo el mismo, hago las cosas a mi ritmo, respeto mis tiempos y mis sensibilidades, ya no me cuestiono ‘¿por qué soy así?'”, confiesa.

Sin embargo, sus palabras ponen el foco en una importante deuda pendiente de la comunidad. A pesar de su aceptación personal, advierte que las barreras externas siguen intactas. “Lo que falta es que la sociedad cambie para que uno se sienta parte del resto, porque la discriminación sigue exactamente igual. Sigue siendo difícil interactuar con otras personas. Yo ya me entiendo, pero la mayoría de las demás personas siguen viéndome como un bicho raro y no saben cómo interactuar conmigo”, lamentó.

Un llamado al autodescubrimiento

Frente a este escenario de incomprensión, el profesor quillotano enfatizó que queda mucho trabajo por hacer y que la única vía para lograr una verdadera inclusión es combatir la ignorancia con más y mejor información. Su lucha como activista apunta directamente a sacar el autismo del tradicional “paradigma médico”, para comenzar a entenderlo y respetarlo como un neurotipo válido dentro de la diversidad humana.

Finalmente, envió un potente mensaje de aliento para quienes aún viven con dudas sobre su identidad, animando a la comunidad a buscar respuestas sin importar la edad. “Lucho para que más personas, especialmente adultos y adultos mayores, sepan cuál es su verdadero neurotipo y, al igual que yo, en el futuro puedan estar celebrando que saben que son personas autistas”, concluyó.

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