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Recuperación del empleo post pandemia: 21,4% de los jóvenes entre 18 y 24 años estuvo desempleado en julio de 2023

Contar con un puesto de trabajo es crucial para la inserción social de jóvenes que viven en situación de extrema vulnerabilidad. No obstante, el mercado laboral ha tenido una lenta recuperación tras la pandemia. Organizaciones y empresas están colaborando para tender puentes y apoyar la transición a una vida independiente.

El inicio de la vida laboral marca el inicio de la vida adulta. Y en el caso de jóvenes que han crecido en entornos de alta vulnerabilidad, este hito es clave para superar la marginación e insertarse en la sociedad. Un paso que está resultando más difícil en la etapa post pandemia, considerando que durante la emergencia sanitaria se perdieron en torno a 2 millones de puestos de trabajo, y la recuperación del empleo ha sido más lenta para los jóvenes que para la población general.

En efecto, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el 16,8% de quienes tienen entre 18 y 24 años estuvo desempleado durante 2022, cifra que duplicó a la tasa de desempleo nacional durante ese mismo periodo. Y en los últimos doce meses, esta cifra creció 4,1 puntos, llegando a 21,4% en julio de 2023.

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“Encontrar un empleo puede ser especialmente difícil para jóvenes que han crecido en residencias de protección o han pasado por el Sistema de Justicia Juvenil, ya que la falta de redes, de preparación y, sobre todo, los prejuicios que puede haber en la sociedad, ponen una piedra de tope en su inserción”, señala Julio Cifuentes, Director Ejecutivo de Proyecto B, organización dedicada a la inserción laboral de jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Inclusión social

Solo el 44% de los jóvenes entre 19 y 25 años que egresan de residencias de protección cuentan con un trabajo formal que permita su inserción social y el inicio de una vida independiente, de acuerdo con el Centro de Estudios Justicia y Sociedad de la UC. En tanto, en el año 2012 hubo 66.822 jóvenes de entre 18 y 29 años que estaban sin ocupación y viviendo en condiciones de pobreza o pobreza extrema, según cifras del Ministerio de Desarrollo Social.

“La falta de trabajo puede llevar a prolongar situaciones de marginalidad y exclusión, con todo lo que eso significa”, afirma Julio Cifuentes. “Por eso, al incorporar a jóvenes de entornos vulnerables en el mundo del trabajo, todos ganan. Ganan las empresas, que pueden encontrar nuevos talentos y fortalecer la diversidad en sus equipos de trabajo; gana la sociedad, al terminar con la marginación y prevenir que jóvenes caigan en círculos de violencia, y ganan los propios jóvenes, quienes pueden transformar sus vidas mediante los vínculos laborales”, añade el Director Ejecutivo de Proyecto B.

El empleo como vehículo de Inserción social

En 2022 hubo 150 jóvenes del sistema residencial y de justicia juvenil que participaron en programas ofrecidos por Proyecto B para su inserción laboral, en los que recibieron apoyo para conducirse adecuadamente en entrevistas laborales, potenciar habilidades básicas y adaptarse al funcionamiento del mundo del trabajo. El 69% completó la etapa de preparación (apresto laboral), y de este grupo, el 70% consiguió ingresar a un trabajo formal, marcando con ello el inicio de su inserción social.

En esta tarea, el trabajo intersectorial es clave para lograr procesos exitosos, que tengan continuidad en el tiempo y que logren proyectar verdaderas carreras profesionales. “La evidencia muestra claramente que el trabajo intersectorial es un componente clave para potenciar procesos de reinserción y de transición a la vida independiente para jóvenes con historias de vulneración a sus derechos. Particularmente, el apoyo en la empleabilidad y la exploración vocacional cumplen un rol fundamental para desarrollar la propia identidad e intereses, lograr metas de independencia económica y permitir sustentar proyectos de vida con un sentido de propósito. En esta línea, el trabajo coordinado con la sociedad civil y empresas ha mostrado resultados muy positivos en lograr resultados concretos”, indica Rolando Carmona, investigador del Centro de Estudios Justicia y Sociedad UC.

Esta mirada que proviene del mundo académico, es compartida también por empresas privadas, como es el caso de Sodimac, compañía que ha incorporado en sus procesos de selección a jóvenes del programa, con el acompañamiento de Proyecto B. “Es importante que desde las empresas comencemos a derribar prejuicios sobre la contratación de jóvenes, en especial si vienen de entornos vulnerables. Desde Sodimac, seguiremos apoyando el trabajo de Proyecto B porque somos conscientes del gran impacto social que conlleva darles esta oportunidad”, señala Claudia Martínez, Jefa de Diversidad, Equidad e Inclusión en Sodimac.

Con el fin de promover la inserción laboral, Proyecto B realiza convenios con empresas de manera de gestionar oportunidades y comprometer a la sociedad en su conjunto para disminuir las desigualdades, y proyecta llegar a un número creciente de jóvenes en proceso de insertarse en la comunidad.

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