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¿Otra pandemia? Qué es el virus Nipah que reaparece en India y cuál es el riesgo real para Chile

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el NiV presenta una letalidad elevada, que puede oscilar entre el 40% y el 75%, dependiendo del brote y de la capacidad de respuesta del sistema de salud local.

En medio de un escenario internacional marcado por la vigilancia de nuevas amenazas sanitarias, el virus Nipah (NiV) volvió a situarse en el foco de la comunidad científica. Se trata de un patógeno zoonótico —es decir, que se transmite de animales a humanos— identificado a fines de los años 90 en Asia y asociado a cuadros graves como encefalitis e insuficiencia respiratoria aguda.

Durante las últimas semanas, autoridades sanitarias de India confirmaron un nuevo brote en el estado de Bengala Occidental, con al menos dos personas fallecidas y varios casos sospechosos en estudio. La situación llevó a países de la región asiática a reforzar controles y protocolos de detección temprana, reactivando el debate sobre el potencial pandémico de este virus.

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Qué es el virus Nipah y cómo se transmite

El virus Nipah tiene como reservorio natural a los murciélagos frugívoros, desde donde puede transmitirse a humanos de manera directa o a través de animales intermediarios y alimentos contaminados. También se ha documentado contagio entre personas, aunque este ocurre principalmente en contextos de contacto estrecho y prolongado, como en entornos familiares o de atención de pacientes.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el NiV presenta una letalidad elevada, que puede oscilar entre el 40% y el 75%, dependiendo del brote y de la capacidad de respuesta del sistema de salud local.

¿Existe riesgo para Chile?

Hasta ahora no se han registrado casos de virus Nipah en Chile ni evidencia de circulación del patógeno en el país. Evaluaciones internacionales coinciden en que el riesgo de introducción es bajo, aunque no inexistente, considerando factores como la globalización, los viajes internacionales y el cambio climático.

Desde el mundo académico llaman a abordar este tipo de alertas con una mirada técnica y preventiva, evitando el alarmismo. Así lo plantea la Dra. Andrea Saavedra, académica de medicina de la Universidad del Alba, quien subraya que, pese a su alta letalidad, la capacidad de propagación del virus es limitada en comparación con otros patógenos respiratorios.

“La infección destaca por su gravedad, pero no se transmite con facilidad. Su potencial de causar encefalitis aguda lo convierte en una amenaza relevante para la seguridad sanitaria global, más que en un riesgo inmediato para países como Chile”, explica.

¿Puede repetirse una pandemia como la del COVID-19?

Una de las principales interrogantes es si el virus Nipah podría desencadenar una pandemia similar a la del COVID-19. Los especialistas coinciden en que, en las condiciones actuales, ese escenario es poco probable.

A diferencia del SARS-CoV-2, el NiV no se transmite de forma eficiente por vía aérea y los brotes registrados han sido localizados y controlables. Además, su alta letalidad tiende a limitar la propagación masiva, ya que los pacientes desarrollan síntomas severos en plazos breves.

“El aprendizaje que dejó el COVID-19 es clave: hoy los sistemas de salud cuentan con mayores capacidades de monitoreo, detección temprana y coordinación internacional, lo que reduce significativamente el riesgo de una expansión global no detectada”, añade la académica.

Vigilancia y preparación, no alarma

Pese a que el virus Nipah se concentra principalmente en el sudeste asiático y no representa un peligro inmediato para Chile, la ausencia de una vacuna obliga a reforzar medidas preventivas. Entre ellas, el control epidemiológico de viajeros provenientes de zonas de riesgo, la higiene rigurosa de manos, el lavado adecuado de alimentos y la precaución frente a personas con síntomas compatibles.

Los expertos coinciden en un mensaje central: el NiV no debe generar temor en la población chilena, pero sí refuerza la importancia de mantener sistemas de vigilancia activos, invertir en investigación científica y fortalecer la cooperación internacional.

La experiencia del COVID-19 dejó una lección clara: la preparación y la información oportuna siguen siendo las herramientas más efectivas para enfrentar futuras amenazas sanitarias.

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