El asiento J7 tiene dueño para siempre: la entrañable historia del quillotano que fue más de dos mil veces al cine
César Hidalgo, un bailarín local que descubrió su pasión por la pantalla grande con "Los Vengadores", fue reconocido por Cinépolis de Quillota con una butaca reservada de por vida tras registrar una cifra récord de asistencia.

Hay pasiones que transforman la rutina diaria en un testimonio de vida y constancia, y lo que ocurre en las salas de cine de nuestra comuna es el reflejo de ello. La cadena de cines Cinépolis, en el marco de la conmemoración de sus diez años de presencia en el país, distinguió formalmente a César Hidalgo como “el más cinéfilo” en la historia de la empresa en Chile. El quillotano recibió un homenaje inédito tras haber asistido a más de dos mil funciones, sellando su vínculo definitivo con el séptimo arte mediante la entrega de una butaca reservada de por vida.
Para apreciar la magnitud de este hito, es necesario viajar catorce años hacia el pasado. César, quien se desempeñaba activamente como bailarín, mantenía una conexión cercana con las artes y la cultura, pero el cine era un territorio completamente inexplorado para él. Todo cambió el día en que decidió entrar a una función de Los Vengadores (The Avengers). Aquella experiencia de ciencia ficción y superhéroes marcó un antes y un después en su biografía, encendiendo una fascinación que lo llevó a convertirse en un socio icónico del Club Cinépolis de Quillota.
Un lazo humano que trasciende la pantalla
Con el paso del tiempo, el abanico de César se expandió a toda la cartelera: desde el romance y el terror, hasta el drama y las producciones independientes, compartiendo habitualmente sus reseñas y comentarios con una creciente comunidad a través de su cuenta de Instagram. Como conmemoración a su lealtad, la empresa instaló una placa conmemorativa y decretó que la butaca J7 quedará bloqueada y reservada exclusivamente para él en todas las salas del recinto de la comuna, permitiéndole disfrutar de cualquier película desde su ubicación privilegiada.
Más allá del récord numérico o la comodidad del asiento, este reconocimiento rescata un valor profundamente comunitario. “Es muy bonito tener una placa en el cine, tener siempre tu asiento. He generado cariño con la gente de Cinépolis, con los trabajadores que han ido cambiando con los años”, confesó Hidalgo, quien este año incluso tuvo la oportunidad de viajar a Santiago para presenciar la transmisión en vivo de los premios Óscar. La iniciativa de la cadena busca precisamente reforzar esos lazos invisibles pero significativos con sus clientes más habituales en regiones, demostrando que las grandes historias también se escriben desde las butacas de provincia.




